Comer en familia, una buena costumbre

Sentarse a la mesa todos juntos, comer en familia, sin distracciones, sin pantallas, es sin duda una buena costumbre.  Recientemente escuchaba una entrevista de un médico pediatra, Javier Blumenfeld, en el programa educativo de Aprendemos Juntos de BBVA en colaboración con El País, donde resaltaba que “comer juntos es más importante que nunca”.

En casa solemos comer en la cocina y allí no tenemos televisión. Somos una familia numerosa, los niños son pequeños y a día de hoy no hay silencio por la casa. La posible compañía que daría una televisión no la necesitamos. Y cuando hay silencio también se disfruta.

Mis niños pasan la mayor parte del día en el colegio. Comen allí. Así que en casa  intentamos desayunar  y cenar todos juntos. Normalmente lo conseguimos. Supongo para ellos ésto es lo normal. Sin duda para que sea así los mayores tenemos que dar ejemplo. Cómo se agradece si llegas tarde de trabajar que se siente alguien contigo a hacerte compañía y te dé un poquito de conversación, ¿verdad? Pero cuando uno va a un restaurante siempre se ve familias enteras, cada uno con una pantalla delante, sin hablar entre ellos. Es una pena todo lo que se están perdiendo.

Los mayores intentamos siempre fomentar la conversación mientras comemos y a medida que los peques van creciendo hay veces que se ponen ya a hablar de sus cosas, en las que los mayores simplemente les escuchamos, como ellos a veces nos escuchan a nosotros. Los temas más de adultos los dejamos para otro momento para no monopolizar la conversación. Así los niños participan en las conversaciones y las comidas son más amenas. No se quejan tanto de si algo no les gusta, por ejemplo. Disfrutan con la comida. Nos encanta que ellos se sientan animados a contarnos sus historias, cómo ha sido su día y nosotros a ellos claro está. Debe ser siempre bidireccional para que funcione bien.

    

Esto está en línea con lo que tenemos tan arraigado en nuestra cultura española de compartir alimentos siempre que se celebra algo. Compartir alimentos forma parte de todos nuestros buenos recuerdos. ¿Por qué no tener esto a diario?  Sin duda, lo mejor de una comida con familia es la sobremesa. Uno de mis momentos favoritos de las vacaciones son los largos desayunos, sin prisas, en los que te quedas sentado a la mesa y se va incorporando miembros de la familia a medida que van despertando. Se comenta la actualidad, el plan del día, los mosquitos que te han picado esa noche, etc.

Además, cuando comemos todos juntos somos un equipo. Colaboramos poniendo y recogiendo la mesa. Todo el mundo es importante y necesario. Si alguien se hace el remolón directamente se le indica que entonces “no comerá” y todos  los peques, por la cuenta que les trae, quieren colaborar. Así además se les va educando en la igualdad de género. Nadie tiene que servir a nadie por ser de un sexo u otro.

Y otra cosa importante es que todos comemos lo mismo. No hay comida para niños ni para mayores. El jamón del bueno no es sólo para los mayores, los macarrones o  los garbanzos guisados también son para todos. Comer saludable, variado, la comida de la abuela, los platos de cuchara, es el mejor legado que les podemos dejar a nuestros niños. Esa dieta mediterránea tan fantástica que tenemos.

Y por último, decir que en casa también animamos a los niños a entrar en la cocina a cocinar. Cada uno tiene su propio delantal. A mi me da pánico el tema de los cuchillos y reconozco que no les dejo hacer tantas cosas como ellos me piden, pero siempre hay algo en que pueden colaborar: lavar la verdura y fruta, centrifugar la ensalada en ese aparatito que das a un botón y gira, poner el pan en su cestillo, ir metiendo cosas en el lavaplatos, echar las especias al guiso, etc.  El otro día cascaron los huevos a freir en la sartén. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que uno de los huevos acabe en el suelo. Pues a no estresarnos. No es fácil en esta sociedad de prisas pero hay que intentarlo al menos y todos poner de nuestra parte ¿no crees?

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