La aventura de la vuelta al cole

Por fin ha llegado septiembre y la vuelta al cole. Cuando el profesor te entregaba sonriente tu niño el último día de clase deseándote que descansaras y tú pensaste que quien iba a descansar realmente era el profesor, que tú con tus peques poco descanso conseguirías, veías la vuelta al cole lejísimos. Pero ya está aquí.

Ha sido un verano largo. Lleno de encajes de bolillos que empiezan con las jornadas de junio y septiembre existentes en algunos colegios,  y siguen con las semanas de campamento que arañan mucho el bolsillo y que se complementan con tiempo con abuelos para no arruinarse e incluso algunas familias donde los papás cogen las vacaciones sin coincidir totalmente para abarcar más vacaciones escolares.

Días eternos, en los que se hacía mismo horario de despertar que el resto del año al tener que trabajar e ir a campamentos y en los que era complicado meter a los niños en la cama por la noche con la luz entrando por la ventana. Noches de calor mal durmiendo todos. Acumulando cansancio día tras día.

La lucha con las pantallas, que durante el año suele tener a raya en el verano se complica mucho por las horas de calor centrales del día donde no queda más remedio que estar a cobijo dentro de casa para protegerse de la solana que está cayendo, y esa negación de los niños, cuando no son bebés, de dormir la siesta, como si fuera algún tipo de tortura y sólo al mencionarlo gritan: “no, no, no”.

También está la convivencia muchas veces con la familia en el destino de vacaciones. Cada familia es un mundo y suele haber fricciones. Quien no tiene un cuñado sabelotodo, tiene una suegra metomentodo, o una madre que te sigue tratando como si no hubieras crecido y con la que sigues discutiendo como si fueras una adolescente pero esta vez delante de tu hijos, o ese marido que baja los brazos y se olvida de la co-responsabilidad del resto del año pues para eso está en casa de su madre, o ese sobrino al que ves un gran futuro como terrorista pues no tiene una idea buena y nadie riñe.

Es totalmente normal, somos humanos y cada uno tenemos nuestras costumbres y de repente convivir se hace duro. Pero todo esto se mitiga al ver lo felices que están tus niños.  Les parece el mejor de los planes. Más gente con la que jugar. Así que no queda más que aguantarse un poco cada uno, intentar ser positivo y pensar que tu casa te espera de nuevo en breve. Y sobre todo tu cama, que según cumples edad va tomando más importancia para ti.

Y ya estamos aquí, en septiembre, superado el verano, seguro que con nota y con energías renovadas para comenzar el próximo curso escolar. Volver al cole para tus niños significa  reencontrarse con sus amigos. El primer día van emocionados.

Para los padres la vuelta al cole es un poco más duro. Empezamos con las reuniones de inicio de curso. Que en muchas ocasiones se solapan al tener varios hijos. Te hacen sentarte en un pupitre donde literalmente no cabes y donde una vez has conseguido pegar el culo al asiento te preguntas si conseguirás sacarlo de allí después.

Siempre hay alguna mamá con libreta super aplicada que apunta muchas cosas. Tú la miras admirada y piensas que has vuelto a venir sin libreta y sin boli aunque el año pasado te propusiste que este año traerías. Así que sacas tu móvil para escribir lo que haga falta en las notas. Pero finalmente no apuntas nada ya que el profesor ha confirmado que darán una copia de todo y además te dices que tienes buena memoria.

A los maridos solemos enviarles a las reuniones menos imporantes pues sabes que te va a llegar muy poca información de vuelta. Es un misterio por qué entra en su cabeza pero de ahí no sale. Y cuando meses despues le dices que el niño tenía que haber llevado algo te dice tan tranquilo: «sí, lo dijeron en la reunion de inicio de curso». Sin inmutarse. Mejor no gastar energía en contestar. Siempre te quedará el grupo de wasap del colegio donde se puede consultar y/o compartir todo. Desde si necesitas asistenta o si tu hijo ha cogido lombrices (esto es verídico, no es broma).

De estas reuniones sales con la temida lista de material a comprar. “Sin prisa” dice el profesor, pero sabes que en dos días habrá niños que lo lleven ya todo y no quieres que el tuyo sea el último tampoco. Así que te lanzas a la “compra y captura”.

Lo más cómodo es ir a la papelería de tu barrio y tras esperar una cola kilométrica comprarlo todo desembolsando un dineral, pero si quieres ahorrar un poco siempre está la opción de ir a una gran superficie y ponerte a buscar por los pasillos los productos que te piden. Una locura. El año pasado el dolor de cabeza por la concentración requerida para tal tarea me duró varios días. Un consejo importante es que, si tienes oportunidad, no vayas con los niños pues ya entonces te querrás cortar las venas.

En las grandes superficies ves a gente vagando por los pasillos con la lista en la mano mirando a un lado y a otro o parados delante de estante vacío arrasado donde debería de estar la famosa carpeta con cuatro enganches de tamaño A4, último producto de su lista a conseguir. Como si por mirarlo fueran a aparecer de repente, y tomando consciencia que tendrá que visitar otra gran superficie o volver otro día. Cuando ves el escudo de tu colegio en la lista de otros compradores te saludas aunque no te hayas visto nunca. Te une la adversidad y comentas lo que te está costando más encontrar y te das ánimos.

Una vez has conseguido todo llegas a casa triunfal y te pasas varias horas marcando los colores, forrando libros, formando estuches, etc. Pasado un mes te dirán tus niños que sus rotuladores no pintan. Por un momento entras en pánico y piensas que igual no tenías que haber cogido los de oferta pero acto seguido respiras y les preguntas si lo tapan después de usar y la respuesta es “no”. A lo que yo, al menos, les contesto: “pues yo no compro más hasta el año que viene”.

Siempre estará la opción de la compra on-line. Que según el grado de desesperación es algo que nunca hay que desestimar. El inconveniente es que aunque sólo necesitas un cuaderno tendrás que comprar un pack de cinco. Al final la compra sale mucho más cara. Y aunque tú pienses que no pasa nada porque ya se usará, el año próximo ese cuaderno ya no vale porque la cuadrícula tiene que ser más pequeña o de otra manera que inventen. Así que las acabas usando para ir a la reuniones del cole y le das además una a tu marido también para ver si ese año te enteras de algo más de lo que comente la profesora o profesor.

Y luego viene la ropa. Empiezan a probarse unos zapatos cerrados y no entran, los pantalones largos ahora quedan como moda pesquera, o las camisetas de manga larga son ahora de manga francesa. Así qué no te queda más remedio que volver a la gran superficie, pero esta vez a la sección de ropa. Es seis de septiembre y ya está arrasado todo. Sólo queda talla 3-4 años o 15 años. “Pero, ¿la gente cuando compra?,¿en agosto?”, te preguntas. Más dolor de cabeza buscando la talla de tus niños. Lo de comprarles igual la ropa a los hermanos mejor no hablamos. En la tienda de tu barrio de ropa estará todo arrasado también. No te hagas ilusiones.

La ropa del cole se hereda en mi casa. El pobre tercero recibe los pantalones del chandal del cole en estado regular ya y cuando él acaba con ellos no puedo ni donarlos. Yo intento aprovechar siempre la economía circular. Paso a otros papás los que puedan aprovechar. Pero ya se encarga el cole también de cambiar los modelos para que se note bien que vas heredado.

Y ya lo último y  para mi lo peor de todo es cuadrar los días y horas de las extraescolares. Esto sí que me crea ansiedad. Es realmente complicado cuadrar los horarios de niños de diferentes edades y encajarlos con los trabajos, compra,  casa,  médicos, visitas abuelos, etc. La logística es de nuevo una locura. Para ello es fundamental que los padres nos ayudemos y aceptemos que no podemos llegar a todo. Lo habitual es que las actividades/ partidos abarquen tambien los fines de semana. No hay descanso. Es el más dificil todavía. Espero que no muramos en el intento este año, pues pinta movidito. Ya os contaré.

Feliz vuelta al cole amiga. ¿Alguien se pregunta todavía por qué somos super mamás? Que te sea leve.

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